Los placeres de ser niño

Cuando se es niño la lluvia sólo tiene el significado de la diversión. Las gotas cayendo en tu rostro, el cual está orientado para arriba con tal de recibir el impacto de las frías gotas; el sweater que tu mamá te obliga a usar, envuelto en tu cintura, sin ver más allá del momento; los charcos que se forman, en los cuales caes con la intención de salpicar a todos los que están a tu alrededor.

Sí, ser niño es sinónimo de inocencia. Se disfruta la vida de manera diferente, todo es impresionante, todo es hermoso, todo es nuevo. La lluvia no es impedimento, solamente otro juego que la vida te da, algo más que puedes gozar. Se recibe con carcajadas, corriendo al sendero en el que no existen los mañanas, sólo el momento; con destellos en los ojos de la felicidad más pura; y la travesura en cada pliegue de la sonrisa, porque sabes que cuando llegues empapado, recibirás un buen regaño.

Cuando creces las cosas comienzan a tomar otro sentido. La lluvia significa que el tráfico será mortal, o que el transporte público estará fallando. Ente más edad, se recibe la lluvia con más fastidio, con más enojo, y hartazgo. Porque ya no es un regalo de la vida con el que puedes jugar, se convierte en un problema que la vida te presenta y que tendrás que solucionar.

Te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás, que ya creciste cuando comienzas a buscar impermeabilizantes económicos, o pinturas antihumedad que no arruinen la casa que compraste. Ese hogar que no sólo representa tu seguridad, también el fruto de tu esfuerzo, de las cuentas, y de los gastos se encuentran impregnados en cada esquina. Cuando comienzas a preocuparte por los gastos de tu MasterCard, o de la tarjeta de tu preferencia, es en ese momento en el que ya caíste en las garras de la adultez.

Cada etapa tiene su encanto, pero la forma en la que viven los niños sin darse cuenta, sin tener qué pensar en el futuro, porque son sus papas los que lo están procurando. Eso jamás se puede tener nuevamente, no se puede regresar a esas sensaciones, y a esa infantil despreocupación.

Porque la vida es despiadada, en esta vida se tiene que tener los ojos bien abiertos, porque si no te termina comiendo. La astucia se debe volver tu segunda piel, y deja la inocencia deja de tener cabida en el cuerpo. Es triste, y exagerado, pero es simplemente la verdad.

Pon en los comentarios qué es lo que más extrañas de la niñez, y en qué momento te diste cuenta de que estabas creciendo.

 

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